miércoles, 10 de enero de 2007

MI HIJO DESAPARECIÓ EN UN RETÉN MILITAR


- Al escándalo sobre maltratos de soldados conocido esta semana, por parte de un capitán del Ejército, se sumó la condena impuesta al Estado para que pague los perjuicios causados a los familiares de un ex soldado desaparecido en un retén militar por quienes fueran sus compañeros.
Por: Miguel André Garrido A.

Bogotá, ene. 06 (Colprensa).- De Jorge Antonio Barbosa Tarazona aún no se sabe nada. Lo cierto es que en la mañana del 18 de octubre de 1992 ex compañeros suyos del Batallón Mecanizado No. 5 Córdoba, de Santa Marta, lo detuvieron en un retén militar y lo condujeron a una guarnición castrense.

Allí permaneció atado de pies y manos, cubierto con un poncho y sometido a tratos crueles y degradantes por parte de los militares.

Hoy, catorce años después, María Emilce Tarazona de Barbosa, su madre, continúa buscándolo. Por ahora ella, al igual que las seis hermanas de Jorge, la compañera permanente de éste, y por su puesto, su hija Kelly Yohana, la menor de un año de nacida a quien vio por última vez ese desafortunado martes 18 de octubre, deberán conformarse con la millonaria indemnización que el Estado tendrá que reconocerles por los perjuicios que logró comprobarse, les causaron miembros de la Fuerza Pública.

‘COQUITO’

A mediados de 1989 Jorge Antonio o ‘Coquito’ como la familia lo llama de cariño, tuvo que dejar sus labores agropecuarias en ‘La Fortuna’, una finca de 55 hectáreas de propiedad de la familia, ubicada en el corregimiento de Bellavista, municipio de Fundación (Magdalena), pues debió ingresar al servicio militar.

"Meses antes de producirse su baja, junto con otros compañeros, fue reprendido a golpes por su superior", se narra en el expediente de más de 400 páginas al que tuvo acceso Colprensa. "Jorge Antonio se opuso enérgicamente al castigo y por esa actitud fue sancionado e incluso permaneció varios días encerrado en el calabozo", añade el documento.

El 13 de diciembre de 1990 Jorge cumplió su mayor anhelo, terminar su servicio militar y regresar con los suyos. Los cultivos de café, plátano y yuca, dejados hacía año y medio lo esperaban.

Una vez de regreso, retomó sus labores en mayo de 1990 y se casó con Yaneth Gómez. 18 meses más tarde nació su única hija Kelly Yohana, a quien no pudo siquiera bautizar, pues un buen día decidió subirse a un bus para ir a Fundación donde se encontraría con Ana Chinchilla para concretar un negocio.

EL RETÉN

"Luego de recorrer cierto trayecto, el autobus fue detenido por un retén el Batallón No. 5 Mecanizado Córdoba, al mando del teniente Mario Mantilla Ruiz, para realizar una requisa a todos los pasajeros", se afirma en el expediente.

Cuando se practicó la requisa, unos soldados identificaron a Jorge Antonio diciéndole "Chucha e Gringa", como era conocido en el Ejército, "unos en tono de insulto y otros con rencor", luego lo apartaron del grupo.

"Mi hijo de 20 años de edad fue retenido el día martes de 9:00 a 10:00 (de la mañana) por el Ejército que se encontraba en Santa Rosa. Hay testigos de que sí lo retuvieron allí", manifestó María Emilce en su declaración ante la dirección regional de la Fiscalía de Barranquilla, rendida el 16 de octubre del 92.

Manuel Montero y Julio Castillo, amigos de Jorge Antonio quienes viajaban con él, señalaron que al terminar la inspección los militares le ordenaron a los pasajeros subir al bus y al conductor proseguir el viaje. "Váyanse que con ustedes no necesitamos hablar, es con él", dijeron. El único que quedó en el camino fue Jorge, aún desaparecido.

"El día que lo retuvieron estaba de turno el cabo Danilo Camacho... He ido a preguntar y no me dan razón de él. Hay otros testigos que lo vieron en donde lo retuvieron", relata la mamá de Barbosa en la ampliación de su versión, el 20 de octubre de 1992.

Por su parte, Cristo Humberto Barbosa tío de Jorge Antonio, desestimó, el 5 de noviembre de 1993, ante el juzgado 14 de instrucción Penal Militar los posibles nexos de su sobrino con los grupos ilegales que operaban en la zona, así como también el que éste colaborara con el Ejército.

Aprovechando la experiencia militar de Jorge Antonio, la guerrilla se acercó a la finca que él administraba para que les colaborara trasladando un radio de comunicaciones hasta Bellavista, desde donde debía informarles cuando "los chulos" vinieran, dijo Humberto, rechazando tal posibilidad.

De igual manera, Barbosa rechazó la calidad de colaborador de su sobrino con los militares, "en el retén de la Ye de Santa Rosa un cabo del Ejército que lo conocía le dijo que como había trabajado con ellos le iba a servir, que él estaba arriba en el monte y conocía la guerrilla, sabía donde estaban sus campamentos. "Él no se iba a meter en ese problema", concluyó el tío de Jorge Humberto.

LAS VERSIONES

Jair Romero Majarres, Jairo Tejada Ortiz y el sargento Wilman Varela Cabrales, tres uniformados, dos de los cuales estuvieron presentes en el retén militar, se refirieron a las versiones relatadas por los familiares y amigos de Jorge Antonio. Todos las confirmaron.

"Mi cabo Oñate decía que ese muchacho era guerrillero", sostuvo Jair Romero Majarres en su declaración del 28 de marzo de 1995 ante el juzgado 14 de Instrucción Penal Militar.

"Al civil lo recogieron como a las 9 de la mañana. Yo vi porque me encontraba en el retén ... Lo cogió el sargento Varela Cabrales, él lo metió y mi cabo Oñate le pegó. Le taparon la cara. Lo reportaron a la base de Aracataca, mi mayor Cano vino a buscarlo, lo llevaron y le pegaron", sostuvo.

"Mi mayor Cano mandó una camioneta y se lo llevaron. Una camioneta blanca Nissan, con pita lo
amarraron y lo echaron en el platón del carro", añadió.

Por su parte, Jairo Tejada, el 31 de marzo de 1995 le relató al juez que "yo era soldado del segundo contingente de 1.992, la contraguerrilla se llamaba ‘Cóndor Cuatro’. Para esa época estaba de comandante mi teniente Mantilla, mi cabo Oñate, mi cabo Rivera y el cabo Camacho".

"Yo ese día no me encontraba en el retén", señaló Tejada. No obstante, aseguró que "cuando yo llegué a la base encontré un %¬man%¬ arropado con un poncho, montado encima de una camioneta... Lo vi antes del almuerzo, lo vi dentro de la camioneta y se movía. Pregunté quién era y me decían que era un guerrillero, fue cuando me di cuenta que ahí estaba el mayor Cano", señaló Tejada.

Dos o tres días después Tejada se encontró en otro retén con la mamá del ex soldado Jorge Antonio Barbosa Tarazona, preguntando por él. "Llegó una señora llorando buscando a un hijo de ella", dijo el militar, quien agregó que "a mí me dio dolor verla llorando porque yo no sabía si ese que se habían llevado en la camioneta era el hijo de ella".

"El man que cogieron ahí apareció muerto", relató el soldado Tejada. Esa afirmación fue respaldada en el comentario que le había hecho uno de sus compañeros, ocho o nueve días después de haber salido la camioneta Nissan Blanca de la base.

"Sí, nos dieron la orden de que no dijéramos nada, o sea que si llegaban preguntando dijéramos que ahí no se había detenido a nadie, esa orden la dio el cabo Oñate y mi teniente Mantilla", dijo Tejada, al responder la pregunta del juez sobre si se había ordenado omitir cualquier comentario sobre lo sucedió en la base.

El 23 de mayo de 1995 el sargento Wilman Varela Cabrales, mencionado por varios de los soldados, dio su versión de lo sucedido el día en que Jorge Alberto fue separado de su familia para siempre. "El comandante de Pelotón era el teniente Mantilla y seguía el cabo Oñate... Hacíamos retenes y éste (Santa Rosa) se mantenía las 24 horas".

"Ese día teníamos montado el retén, no recuerdo que horas eran, yo estaba de requisa... El que iba requisando se iba haciendo a un lado. Dieron la orden de que el muchacho tenía que ser detenido", dijo Varela al juez.

"Oí comentarios que al muchacho lo habían envuelto en un poncho y que lo maltrataron, en la misma tarde apareció una camioneta blanca que estaba en el puesto de mando de Aracataca", señaló el sub oficial quien además agregó que "la camioneta duró a la adentro aproximadamente media hora. Al muchacho lo llevaban en la parte trasera tapado, ahí se fue una seguridad como de cinco soldados más o menos", puntualizó, al relatar la forma como salió la camioneta de la base.

Con base en estas y otras declaraciones, la Sección Tercera del Consejo de Estado aprobó la conciliación a la que llegó el Ministerio de Defensa y la familia del soldado Barbosa Tarazona el 12 octubre de 2006.

En esa oportunidad el Ministerio de Defensa accedió a pagar el 100 por ciento de la condena impuesta por los perjuicios morales, al igual que por la afectación material de los familiares de Jorge Antonio Barbosa. En tal sentido la esposa del desaparecido deberá recibir 70 millones de pesos, mientras la hija de éste, 45 millones. En todo caso, esas sumas de dinero deberán ser actualizadas de acuerdo al día en que pague la suma ordenada.

((RECUADRO))

INICIÓ CON ESCÁNDALOS EL 2007

Comenzó el año nuevo y con él los escándalos al interior de las Fuerzas Militares. En la primera semana de enero, se presentaron dos hechos de gran relevancia.

La primera situación se dio el pasado miércoles, tres días después de iniciar el año, cuando trece militares adscritos a una Brigada Móvil del Batallón Codazzi de Palmira, se declararon en desobediencia y abandonaron sus puestos, porque según ellos, los tenían "aguantando hambre".

Los uniformados, quienes se encuentran recluidos en el Batallón Codazzi, decidieron entregar sus armas y rebelarse al alto mando militar. Según los militares les fueron violados algunos de sus derechos, pues debieron permanecer en el páramo sin alimentos, por lo cual, tras ocho días de espera determinaron entregar su material de intendencia.

Esas afirmaciones fueron rechazadas por el comandante de la Tercera Brigada, general Leonardo Gómez, quien señaló que se adelantarían las investigaciones correspondientes. De la misma manera, el oficial aseguró que los militares tenían comida suficiente y habían gozado de dos permisos de descanso en los últimos seis meses. "Ellos violaron el Código Penal Militar, arriesgaron sus vidas y las de sus compañeros y no hay ninguna justificación para esa acción", puntualizó el general Gómez.

"Estando en cumplimiento de una operación, abandonaron la zona con las armas de dotación y con todos los equipos militares", añadió el alto mando.

LA PALIZA

El otro hecho se conoció un día después, cuando el cabo del Ejército, Alexánder Castañeda, decidió grabar un video con su celular en el que muestra al capitán Francisco Javier Coral golpeando con una tabla a un grupo de soldados adscritos al Batallón PM 15, en Bogotá.

En una rueda de prensa a la que asistieron el comandante del Ejército, general Mario Montoya, el comandante de la Décima Tercera Brigada, general Luis Eduardo Pérez, el capitán implicado y los soldados presuntamente agredidos, aseguraron que todo se trataba de una apuesta.

"Todo fue un juego, una apuesta de quién desarmaba el fusil en menos tiempo. Nos sorprendió el video, aquí no hay agresión", aseguró el soldado Ariza, uno de los militares que aparece en la grabación.

Aunque el capitán Coral aceptó que se equivocó y que fue un error de su parte, un juez de la Justicia Penal Militar lo investigará. "Está mal hecho y admito ese error que yo cometí. Pero en ningún momento fue por maltrato".

QUE SE ABRA UNA INVESTIGACIÓN

El comandante del Ejército, general Mario Montoya Uribe, aseguró que las investigaciones las llevarán hasta las últimas consecuencias. "En caso de que haya responsables por sus acciones, responderán penal y disciplinariamente".

El general Montoya condenó el hecho y aseguró que se evitarán más situaciones en la Fuerza. El oficial sostuvo que esperará a que concluya la investigación para adoptar las medidas correspondientes.

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